Damos gracias a Dios Creador de cielo y tierra por habernos dado celebrar y agradecer, este espacio, que es nuestro Monasterio en un contexto de naturaleza, sosiego y paz. La huerta y los jardines constituyen un regalo y un deleite para la vida monástica y claustral, además de ser una riqueza alimenticia de la cual se beneficia la salud de las monjas, y es una gozada la contemplación de la naturaleza. Somos privilegiadas al vivir en este entorno y poder contemplar la obra creadora de Dios y alabarle todos los días sin cansarnos de admirar la maravillosa obra de sus manos.

