La Historia del monasterio

Fundación del Monasterio de Santa Clara de Castrojeriz

El monasterio fue fundado, en su origen, a unos 5 Km de Castrojeriz por Alfonso X del Sabio antes del año 1306 de la era hispánica, lo que equivale al año 1268.

El Monasterio de Santa Clara de Castrojeriz tiene su origen en el antiguo monasterio situado en el valle de Tablín, junto a la fuente del mismo nombre, a una legua de Castrojeriz. Aunque no se ha conservado la bula de esta primera fundación, sí existen escrituras de ventas anteriores a 1326, fecha en la que se documenta el traslado de la comunidad. La tradición, el libro Becerro, diversas crónicas de la Provincia Franciscana y el diccionario de Madoz coinciden en afirmar que esta fue la primera fundación del convento. Según recoge Madoz, el monasterio habría sido fundado por Alfonso X el Sabio antes del año 1306 de la era hispánica, equivalente al año 1268.

La historia del monasterio está estrechamente unida a la presencia de los frailes franciscanos en Castrojeriz. San Francisco de Asís fundó la Orden Franciscana en 1208 y, poco después, sus conventos se extendieron por Europa, especialmente en torno al Camino de Santiago. En Castrojeriz se fundó un convento franciscano hacia 1315, aunque su ubicación inicial resultaba peligrosa e insegura. Por este motivo, el papa Juan XXII concedió una bula el 9 de agosto de 1324 para fundar otro convento más cercano a la villa, ya que el lugar anterior, situado extramuros, era poco seguro y sus moradores podían sufrir asaltos.

Los franciscanos mantuvieron siempre una relación muy cercana con las clarisas. Formaban parte de una misma familia espiritual y ejercieron como capellanes y asistentes espirituales de las monjas. Además, los frailes fueron quienes extendieron por Europa el carisma y la forma de vida de Santa Clara, por lo que también en Castrojeriz debieron desempeñar un papel fundamental en el acompañamiento y promoción de esta comunidad religiosa.

LAS MONJAS DE TABLÍN

Las primeras religiosas vinculadas a esta fundación son conocidas como las monjas de Tablín. Su historia conserva todavía algunos interrogantes, ya que no se sabe con certeza de dónde procedían ni quiénes fueron exactamente las fundadoras. Los documentos disponibles no permiten responder de forma definitiva a estas cuestiones, por lo que su origen concreto queda en parte como una incógnita.

Sin embargo, sí se conservan datos reales que permiten reconstruir parcialmente aquella primera comunidad. En pergaminos de ventas y otros documentos de la época aparecen nombres de algunas hermanas, lo que permite elaborar una breve lista de las primeras monjas. A ellas habría que añadir las cincuenta y seis religiosas que, según el libro Becerro, habitaron en Tablín. Estos testimonios muestran que, antes del traslado de 1326, ya existía una comunidad estable de clarisas en aquel lugar.

Desde la llegada de las religiosas al monasterio en 1326, las monjas de Santa Clara estuvieron atendidas espiritualmente por los hijos de San Francisco durante cinco siglos y medio, hasta 1866. Esta larga relación entre clarisas y franciscanos marcó profundamente la historia del monasterio y explica la importancia de la tradición franciscana en la vida religiosa de Santa Clara de Castrojeriz.

PRIVILEGIOS

Los privilegios otorgados a los conventos eran exenciones legales, derechos económicos y facultades especiales concedidas por la Corona o la Iglesia para poder garantizar su autonomía, funcionamiento y sostenibilidad.

De Alfonso X el Sabio solo se conserva en el archivo su voluntad de dar el sitio en Tablín para las monjas. Pero de sus sucesores sí que se guarda registro de diferentes privilegios.

Por ejemplo, de Alfonso XI, que otorga cuatro privilegios. El primero es un “real fontanero” en 1332, por él concede a las monjas clarisas el agua de las fuentes de Segor (Tablín) cada jueves para regar sus huertas y sus árboles, este privilegio es aún válido a día de hoy.

En otro documento del mismo año se nos concede: “3.000 maravedíes de martiniega (tributo que se pagaba el día de San Martín) de los vecinos de Castrojeriz; 50 maravedíes contra los judíos de Castrillo y 350 del Rey. Dado en Burgos”.

El tercero se dio en Sevilla y concede a las monjas el poder heredar; y el cuarto, la exención de todos los tributos.

Otro privilegio de los Reyes Católicos habla sobre 50 cargas de trigo en favor del convento de Santa Clara de Castrojeriz, dado en Burgos a 10 de diciembre de 1495.

Se guarda en el Archivo otro privilegio denominado “privilegio del Portazgo de Alfonso XI, donado al convento por Garcilaso de la Vega” (este Garcilaso de la Vega se trata de un reconocido noble del s. XIV que fue consejero de Alfonso XI, no del poeta del Siglo de Oro).

Este noble cedió al convento su privilegio de portazgo, que era una exención a pagar el impuesto por el uso de caminos, puentes o entrada de mercancías a ciudades. A cambio de poder ser enterrado en el convento.

SIGLO XX: DIFICULTADES, RENOVACIÓN Y NUEVA VIDA COMUNITARIA

Los primeros años del siglo XX estuvieron marcados por la muerte de varias religiosas jóvenes. Un caso destacado fue el de Sor Cunegunda, fallecida en 1919 a los 39 años, tras haber vivido sus últimos trece años como religiosa en Castrojeriz. Gracias a unas cartas conservadas por su familia, se conocen detalles de la vida cotidiana del convento en aquella época: las comidas, el clima, los demandaderos, el capellán, los ejercicios espirituales, la vida de las novicias y las dificultades relacionadas con la dote necesaria para profesar.

Tras la Guerra Civil, la comunidad de Santa Clara atravesaba una situación difícil. Aunque pudo mantener su vida regular, sufría la falta de vocaciones, la pérdida de muchas hermanas jóvenes y la escasez de recursos económicos, agravada por la posguerra. En este contexto, antes de la creación de las federaciones monásticas impulsadas por el papa Pío XII, el monasterio de Castrojeriz y el de Durango fueron pioneros en la ayuda fraterna entre comunidades.

El 8 de septiembre de 1948 llegaron desde Durango cinco monjas preparadas para reforzar la comunidad, junto con una joven postulante. Entre ellas destacó Madre Aurora Labarga, que fue abadesa durante trece años, y Sor M.ª Mercedes Salazar, que inició una crónica detallada de la vida del monasterio. Esta llegada supuso el comienzo de una nueva etapa de renovación y esperanza vocacional.

Para favorecer las vocaciones, en mayo de 1949 se abrió la Escuela de San Antonio, dirigida a muchachas de Castrojeriz y de los pueblos cercanos. Comenzó con 19 alumnas y llegó a tener más de 40. Allí se enseñaba cultura general, contabilidad, mecanografía, taquigrafía, corte, bordado, música y pintura, además de organizar ejercicios espirituales. De esta escuela salieron novicias para Santa Clara y para otros conventos y congregaciones.

La escuela cerró en 1966, pero su recuerdo sigue vivo en el edificio conocido como “El Colegio”, situado en la entrada del Compás. Su historia representa una etapa de esfuerzo, formación y renovación dentro de la vida del monasterio en el siglo XX.

EL MONASTERIO EN LA ACTUALIDAD

En la actualidad, el Monasterio de Santa Clara de Castrojeriz continúa viviendo su vocación contemplativa como una presencia orante dentro de la Iglesia. La comunidad entiende su vida como una llamada a ser “corazón orante”, en comunión con la Iglesia y desde la espiritualidad franciscana. Como clarisas, forman parte de la Segunda Orden, dedicada a la vida contemplativa, junto con las concepcionistas.

El monasterio está integrado en la Archidiócesis de Burgos y mantiene una relación cercana con la Iglesia diocesana, representada por el arzobispo y por los sacerdotes que acompañan a la comunidad mediante la celebración de la Eucaristía y los sacramentos. Esta ayuda espiritual ha sido siempre motivo de agradecimiento para las hermanas.

Aunque el monasterio se encuentra en un lugar apartado, la comunidad se siente profundamente unida a Castrojeriz, a Burgos, a Castilla y León y a España. Estos vínculos han ido configurando su identidad a lo largo del tiempo, dando forma a una vida sencilla, contemplativa y enraizada en su entorno.

Al mismo tiempo, la comunidad ha estado abierta a otros monasterios, regiones e incluso continentes. A comienzos del siglo XX hubo hermanas procedentes de Cantabria y del País Vasco; en la segunda mitad del siglo, la comunidad estaba formada en parte por hermanas vascas y castellanas. También algunas religiosas marcharon a América, concretamente a Uruguay y Argentina.

En las últimas décadas, esta apertura internacional se ha hecho más visible. En 1995 llegó la primera hermana de Paraguay y, en 2011, la primera aspirante procedente del continente africano, llegada de Kenia. También han pasado por la comunidad capellanes de distintos países, como Benín, Burundi, Costa Rica e India, vinculados a la Facultad de Burgos mientras preparaban sus estudios doctorales.

Así, el hoy del monasterio combina fidelidad a su vocación contemplativa, pertenencia a la Iglesia y apertura a una realidad cada vez más universal. Desde Castrojeriz, la comunidad sigue viviendo su misión de oración, acogida y testimonio, manteniendo viva una historia que continúa creciendo en el presente.

Nombre

Procedencia

M. Mª Jesús

Melgar de Fernamental (Burgos)

Sor Teresa Murcia

Olmeda del Rey (Cuenca)

Sor Mª Purificación

Castrojeriz

Sor Mª Trinidad

Oñate

Sor Mª Lourdes

Cuevas de Amaya (Burgos)

Sor Mª Teresa

Zeanuri (Vizcaya)

Sor Mª Sagrario

Portugalete

Sor Mª Natividad

Castrojeriz

Sor Mª Jesús Uranga

Haya (Guipuzcoa)

Sor Mª Amelia

Carranza (Vizcaya)

Sor Mª Margarita

Itá, Paraguay

Sor Mª Jacqueline

Los Ángeles, Chile

Sor Mª Anunciata

Mbujimayi, R.D. Congo

Sor Mª Verónica

Mbujimayi, R.D. Congo

Sor Marie Jean

Mbujimayi, R.D. Congo

Sor Mª Teresia

Matú, Kenya

Sor Josefina Bakita

Mochi, Tanzania

Nuestra Iglesia sigue abierta al culto, hay eucaristía cada día y os invitamos a entrar en nuestra iglesia para orar y adorar al Señor, que está aquí presente.